Creo que nuestro mundo está hecho de epistemologías
de la distancia y de epistemologías de la fusión. No hay duda. Incluso ha de
estar hecho de una epistemología con la mezcla de las dos. Los humanos somos expertos en “operar el
mundo sin preguntarle su opinión”, como dijo Pablo Fernández, y también en
dejarnos llevar por nuestros sentimientos hacia un pozo oscuro sin salida.
Me ha gustado mucho como Fernández ilustra de una
forma tan poética el coexistir con el mundo en su definición de epistemología
del encantamiento. Y es que, sí, exactamente eso es lo que hace falta en esta
Tierra, MAGIA. Fundirnos con el exterior pero sin olvidarnos de nosotros
mismos. Empatizar, dialogar, abrazar en todo el sentido de la palabra.
Desde mi profesión le va muy bien este último tipo
de epistemología, pues creo que admirar cualquier tipo de arte es entrar al
mundo de la magia, es fundirte en el momento. Creo que promover el arte desde
esta epistemología es lo ideal, pues si lo hago desde una mirada de poder sobre
los demás no se lograría el objetivo noble de acercar a las personas al arte. Y
lo mismo, si me fundo sin sentido en ese mundo, quizá no logre dar nada a los
demás. Escojo hacer magia, entonces.
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