El documental "Los herederos" de Eugenio Polgovski me hizo pensar en cómo repetimos
hábitos que vemos a nuestro alrededor o que muchas veces nos vemos obligados a
hacer y no los cuestionamos porque nos son impuestos o porque según la sociedad
en la que vivimos es lo adecuado. Para
los niños que se mostraron en el documental trabajar jornadas de 12 horas en el
campo es su realidad y forma parte de su diario vivir. Para un niño de un nivel
socioeconómico más alto y de una zona urbana su realidad y obligación es ir a
la escuela. Ambos niños no se negarán a
realizar sus tareas porque es lo que todos los individuos que forman parte de
su núcleo social hacen. En concreto heredamos costumbres y formas de actuar
aprendidas por la influencia de la sociedad y cuando observamos otras culturas
que actúan de manera distinta nos parece raro y muchas veces juzgamos
negativamente sus estilos de vida. Por ejemplo, desde nuestra mirada urbana
sería fácil calificar como indebido que los niños trabajen en el campo y estén
expuestos a ciertos riesgos como al manejo de herramientas peligrosas o que se
desplacen solos largas distancias. Sin embargo, en nuestra ciudad los niños se
contagian del estrés de la vida urbana, no son amamantados la cantidad de
tiempo adecuada, se tienen expectativas muy altas como el esperar que hablen
tres idiomas o simplemente no tienen contacto con la naturaleza. Las
reflexiones que hagamos sobre este tema siempre serán relativas, pues dependerá
de nuestros propios hábitos y costumbres.
Incluso cuando un individuo no
concuerde con los estilos de vida de su lugar de origen, será difícil romper
con esos esquemas. Hablando específicamente de mi tema, el trabajo, he
comentado cómo yo desde mi experiencia, no me identifico y estoy en desacuerdo
con la estructura de trabajo capitalista. Por esta razón me he dedicado a
buscar lugares de trabajo donde estén más alejados de este esquema, pero al
final, siempre tendré que cumplir con determinadas funciones como la declaración
de impuestos o apegarme a un horario o incluso tener que soportar ciertos
abusos laborales como cuando me bajaron el sueldo injustificadamente. Por más
que yo no esté de acuerdo con la ética social de la cultura capitalista, de
alguna u otra manera seguiré formando parte de este sistema porque vivo en un
lugar donde se maneja de esa manera.
El documental en general me
impresionó mucho y me enternecieron los niños. En algún momento me parecieron
injustas las situaciones en las que se desenvolvían, pero creo que esos niños
viviendo en el lugar en donde viven también obtienen otras ventajas. Me parece
que su identidad está muy sólida y realmente saben formar comunidad, ser
solidarios. Acá los niños crecen
repitiendo el formato actual de individualismo y egoísmo con el que nos
conducimos los adultos.
Y el asunto es que ya no es solo una cuestión cultural el que cada uno tengamos ideas distintas del mundo que nos rodea, sino de los accesos y las posibilidades de una vida buena que cada uno hemos heredado gracias a una estructura social concreta.
ResponderBorrarPienso que esa herencia que se les transmite a esos niños no es otra cosa que la identidad misma. Como tú mencionas, la realidad de los niños del campo y los de la ciudad es lo que (en cada caso) se toma como correcto o o normal. Por mi parte, en la película no solo se mostró la herencia "mala", (que no es otra cosa que un choque de concepciones de la realidad) sino también sus creencias, su música y hasta su lengua; es por eso que a pesar de todo los padres les están heredando parte de su identidad.
ResponderBorrar¿Que diferencia encuentras en las costumbres de los niños de campo con las costumbres de los niños de ciudad?
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