domingo, 9 de marzo de 2014

Linea del tiempo de la ética del trabajo

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Antigua
Edad
Media
Edad
Moderna
Edad Contemporánea
Edad Posmoderna
Durante esta época, aun cuando una persona libre se comprometiera a realizar ciertos trabajos, ningún otro podía disponer del tiempo que le pertenecía. No tener el honor de disponer uno de su propio tiempo era algo que se asociaba con el estado de encarcelamiento (esclavitud).

En la mitología griega, los peores castigos para un ser humano estaban relacionados con realizar eterna y monótonamente una tarea.

Platón definía la relación con el tiempo diciendo que una persona libre tiene tiempo en abundancia, habla plácida y pausadamente y su tiempo le pertenece. Para él, la filosofía era el alimento de su alma.

En la obra literaria, La divina comedia, el domingo siempre se les
insinúa a Sísifo y a los pecadores del Infierno de Dante, aunque
nunca acaba de llegarles, condenados como están a un eterno viernes.


1294-1324, Emmanuel Le Roy relata la vida en las aldeas medievales a fines del siglo XIII y principios del siglo XIV. Dice que los aldeanos, no tenían modo de definir el tiempo de una manera exacta porque no vivían según un tiempo laboral de tipo regular.
No les asustaba el trabajo duro y podían hacer un esfuerzo cuando ello era preciso. Pero no pensaban en términos de un horario fijo y continuo. Para ellos, el día laboral estaba salpicado de largas e irregulares pausas, durante las cuales se podía charlar con los amigos.  El trabajador y no el reloj quien determinaba el ritmo. Mientras se cumplieran con una serie de metas razonables, nadie supervisaba el uso que del tiempo hacían los trabajadores en la Edad Media.

Los agricultores medievales estaban acostumbrados al trabajo orientado a una meta. En su modo tradicional de pensar, lo esencial era completar las tareas asignadas. La meteorología establecía los límites exteriores pero, en el interior de ellos, las tares podían realizarse de acuerdo con las inclinaciones individuales. El trabajo industrial, por otro lado, estaba orientado al tiempo: el trabajo se definía por el tiempo que era necesario para realizarlo.

Sólo en los monasterios la actividad se hallaba vinculada al reloj y por lo  tanto, el antecedente histórico de la ética protestante se encuentra en las comunidades monacales. Las horas canónicas circunscribían el tiempo para todas las actividades. De acuerdo con esta distribución, el tiempo de levantarse era siempre el mismo, como el de acostarse. El trabajo, el estudio y las comidas tenían también asignadas horas exactas. En el siglo VI, la regla monástica de San Benito exigía a todos los monjes que consideraran un deber el trabajo asignado, y a los hermanos haraganes les alertaba de que “la inactividad es la enemiga del alma”.

En el siglo V Agustín
de Hipona escribió “en el Cielo encontraremos un domingo eterno, el día en
que Dios descansó y Cristo ascendió al Cielo.”
Richard Baxter durante el siglo XVI escribió que el trabajo es la moral así como el fin natural del poder. El trabajo debe realizarse lo mejor posible y ser considerado como un deber, que se lleva a cabo porque ha de ser realizado.

La noción del trabajo como deber se halla en el centro
del espíritu capitalista surgido en el siglo XVII.

Johan Kasper Lavater explicaba en el siglo XVIII, que “ni siquiera en el Cielo podemos conocer la bienaventuranza sin tener una
ocupación. Estar ocupado significa tener una vocación, un oficio, una tarea especial y particular a realizar”.

La novela de Daniel Defoe en 1719, Robinson Crusoe, describe a la perfección el ideal ético del trabajador como devoto, fiel.

El espíritu del capitalismo surgió de la actitud en relación al tiempo con la consigna de Benjamin Franklin de que “el tiempo es dinero”.
En la ética social de la cultura capitalista, su característica principal se constituye de una
obligación que el individuo se supone debe sentir hacia el contenido de su actividad profesional, con independencia de en qué consista, en particular sin que importe si parece una utilización de sus facultades personales o sólo de sus posesiones materiales.

Aun cuando esta nueva economía difiere en muchos aspectos al antiguo capitalismo industrial,
en gran medida sigue los preceptos de la ética protestante en lo relativo a la organización del tiempo.

La industria de alta tecnología precisa aún de la producción material, pero en ella a los seres humanos se les asignan las menores tareas posibles, y se les enseña el modo de realizarlas de modo que ahorren el máximo de tiempo.

Los directivos empresariales le dieron muerte a la creatividad, centrándose en factores externos.
En la actualidad, el trabajo se realiza con una actitud de atormentada responsabilidad.
El ideal es ganar el salario habitual con un máximo de confort y un mínimo de esfuerzo, sin pensarlo como una vocación. Esto ha llevado a la adicción al trabajo y desatención de los seres queridos.

El espíritu está centrado en el trabajo, pero no hay pasión por realizarlo.

La compresión del tiempo ha llegado hasta tal punto
que la competición tecnológica y económica consiste en prometer que el futuro llegará al consumidor más rápido que con los servicios del competidor.

Ya no hay espacio para lo lúdico en lo laboral. La jornada de trabajo se halla desmenuzada en una serie de rápidas citas y, cuando una termina, debe apresurarse para llegar a la siguiente. A menudo, en el esfuerzo por sobrevivir, por llegar a la fecha límite de algunos proyectos, el profesional no dispone de tiempo para el ocio y tiene que optimizar su tiempo para mantener su trabajo al día.


En una vida optimizada, el tiempo libre asume los modelos del tiempo de trabajo. El tiempo de ocio se programa y planea de una forma tan ajustada como el tiempo de trabajo. El día se divide en función del modelo empresarial en segmentos de tiempo claramente definidos, y esa división queda reforzada sin duda por la programación televisiva. El tiempo que se pasa en casa a menudo se vive de un modo similar a como se vive el tiempo en el trabajo: apresurándose de una cita a otra para realizarlo todo en su justo tiempo.

En la gestión de la vida doméstica entra en juego el recurso de la comida a domicilio o el de las guarderías.
-5000 a 476
477 a 1492
1492 a 1789
1789 a 1970
1970 a la fecha

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Es importante permitir el espacio del ocio y lo lúdico en la cultura de la ética del trabajo, pues garantiza entonces que las personas se desenvuelvan de manera sana y que le den vuelo a su creatividad. Las actividades laborales no deberían de ser realizadas por la simple remuneración económica y más bien ser vistas como una vocación que enriquece el espíritu además de lo material. Trabajar sin tantos esquemas, restricciones y limitantes, es devolverle al ser humano su dignidad y libertad individual. Vivir en el aquí y en el ahora. Llevar una vida más plena beneficiaría a las empresas, pues las personas producirían más, con mayor calidad y apasionadamente.



1 comentario:

  1. Muy completo el recuento de este desarrollo histórico en torno al trabajo Abril, da para pensar muchas cosas. Por ejemplo me hizo pensar acerca de la centralidad de la persona y los valores de la modernidad (libertad, igualdad) que en realidad ganan su sentido fundamentalmente en el tema del trabajo, que es aquel que otorga el valor y la posibilidad de hacer realidad eso de la igual con la movilidad social.

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