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Antigua
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Media
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Moderna
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Edad
Contemporánea
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Posmoderna
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Durante
esta época, aun cuando una persona libre se comprometiera a realizar ciertos
trabajos, ningún otro podía disponer del tiempo que le pertenecía. No tener
el honor de disponer uno de su propio tiempo era algo que se asociaba con el
estado de encarcelamiento (esclavitud).
En
la mitología griega, los peores castigos para un ser humano estaban
relacionados con realizar eterna y monótonamente una tarea.
Platón
definía la relación con el tiempo diciendo que una persona libre tiene tiempo
en abundancia, habla plácida y pausadamente y su tiempo le pertenece. Para
él, la filosofía era el alimento de su alma.
En
la obra literaria, La divina comedia, el domingo siempre se les
insinúa
a Sísifo y a los pecadores del Infierno de Dante, aunque
nunca
acaba de llegarles, condenados como están a un eterno viernes.
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1294-1324,
Emmanuel Le Roy relata la vida en las aldeas medievales a fines del siglo
XIII y principios del siglo XIV. Dice que los aldeanos, no tenían modo de
definir el tiempo de una manera exacta porque no vivían según un tiempo
laboral de tipo regular.
No les
asustaba el trabajo duro y podían hacer un esfuerzo cuando ello era preciso.
Pero no pensaban en términos de un horario fijo y continuo. Para ellos, el
día laboral estaba salpicado de largas e irregulares pausas, durante las
cuales se podía charlar con los amigos.
El trabajador y no el reloj quien determinaba el ritmo. Mientras se
cumplieran con una serie de metas razonables, nadie supervisaba el uso que
del tiempo hacían los trabajadores en la Edad Media.
Los
agricultores medievales estaban acostumbrados al trabajo orientado a una
meta. En su modo tradicional de pensar, lo esencial era completar las tareas
asignadas. La meteorología establecía los límites exteriores pero, en el
interior de ellos, las tares podían realizarse de acuerdo con las
inclinaciones individuales. El trabajo industrial, por otro lado, estaba
orientado al tiempo: el trabajo se definía por el tiempo que era necesario
para realizarlo.
Sólo en
los monasterios la actividad se hallaba vinculada al reloj y por lo tanto, el antecedente histórico de la ética protestante
se encuentra en las comunidades monacales. Las horas canónicas circunscribían
el tiempo para todas las actividades. De acuerdo con esta distribución, el
tiempo de levantarse era siempre el mismo, como el de acostarse. El trabajo,
el estudio y las comidas tenían también asignadas horas exactas. En el siglo
VI, la regla monástica de San Benito exigía a todos los monjes que
consideraran un deber el trabajo asignado, y a los hermanos haraganes les
alertaba de que “la inactividad es la enemiga del alma”.
En el
siglo V Agustín
de
Hipona escribió “en el Cielo encontraremos un domingo eterno, el día en
que
Dios descansó y Cristo ascendió al Cielo.”
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Richard Baxter durante el siglo XVI escribió que
el trabajo es la moral así como el fin natural del poder. El trabajo debe
realizarse lo mejor posible y ser considerado como un deber, que se lleva a
cabo porque ha de ser realizado.
La noción del trabajo como deber se halla en el
centro
del espíritu capitalista surgido en el siglo XVII.
Johan Kasper Lavater explicaba en el siglo XVIII,
que “ni siquiera en el Cielo podemos conocer la bienaventuranza sin tener una
ocupación. Estar ocupado significa tener una
vocación, un oficio, una tarea especial y particular a realizar”.
La novela de Daniel Defoe en 1719, Robinson Crusoe,
describe a la perfección el ideal ético del trabajador como devoto, fiel.
El espíritu del capitalismo surgió de la actitud
en relación al tiempo con la consigna de Benjamin Franklin de que “el tiempo
es dinero”.
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En la ética social de la cultura capitalista, su
característica principal se constituye de una
obligación que el individuo se supone debe sentir
hacia el contenido de su actividad profesional, con independencia de en qué consista,
en particular sin que importe si parece una utilización de sus facultades
personales o sólo de sus posesiones materiales.
Aun cuando esta nueva economía difiere en muchos aspectos
al antiguo capitalismo industrial,
en gran medida sigue los preceptos de la ética
protestante en lo relativo a la organización del tiempo.
La industria de alta tecnología precisa aún de la
producción material, pero en ella a los seres humanos se les asignan las
menores tareas posibles, y se les enseña el modo de realizarlas de modo que
ahorren el máximo de tiempo.
Los directivos empresariales le dieron muerte a la
creatividad, centrándose en factores externos.
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En la
actualidad, el trabajo se realiza con una actitud de atormentada
responsabilidad.
El
ideal es ganar el salario habitual con un máximo de confort y un mínimo de
esfuerzo, sin pensarlo como una vocación. Esto ha llevado a la adicción al
trabajo y desatención de los seres queridos.
El
espíritu está centrado en el trabajo, pero no hay pasión por realizarlo.
La
compresión del tiempo ha llegado hasta tal punto
que la
competición tecnológica y económica consiste en prometer que el futuro
llegará al consumidor más rápido que con los servicios del competidor.
Ya no
hay espacio para lo lúdico en lo laboral. La jornada de trabajo se halla
desmenuzada en una serie de rápidas citas y, cuando una termina, debe
apresurarse para llegar a la siguiente. A menudo, en el esfuerzo por sobrevivir,
por llegar a la fecha límite de algunos proyectos, el profesional no dispone
de tiempo para el ocio y tiene que optimizar su tiempo para mantener su
trabajo al día.
En una
vida optimizada, el tiempo libre asume los modelos del tiempo de trabajo. El
tiempo de ocio se programa y planea de una forma tan ajustada como el tiempo
de trabajo. El día se divide en función del modelo empresarial en segmentos
de tiempo claramente definidos, y esa división queda reforzada sin duda por
la programación televisiva. El tiempo que se pasa en casa a menudo se vive de
un modo similar a como se vive el tiempo en el trabajo: apresurándose de una
cita a otra para realizarlo todo en su justo tiempo.
En la
gestión de la vida doméstica entra en juego el recurso de la comida a
domicilio o el de las guarderías.
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-5000 a 476
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477 a 1492
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1492 a 1789
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1789 a 1970
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1970 a la fecha
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Es importante permitir el espacio del ocio y
lo lúdico en la cultura de la ética del trabajo, pues garantiza entonces que las
personas se desenvuelvan de manera sana y que le den vuelo a su creatividad.
Las actividades laborales no deberían de ser realizadas por la simple
remuneración económica y más bien ser vistas como una vocación que enriquece el
espíritu además de lo material. Trabajar sin tantos esquemas, restricciones y
limitantes, es devolverle al ser humano su dignidad y libertad individual.
Vivir en el aquí y en el ahora. Llevar una vida más plena beneficiaría a las
empresas, pues las personas producirían más, con mayor calidad y
apasionadamente.





Muy completo el recuento de este desarrollo histórico en torno al trabajo Abril, da para pensar muchas cosas. Por ejemplo me hizo pensar acerca de la centralidad de la persona y los valores de la modernidad (libertad, igualdad) que en realidad ganan su sentido fundamentalmente en el tema del trabajo, que es aquel que otorga el valor y la posibilidad de hacer realidad eso de la igual con la movilidad social.
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